¿Cómo vamos?, suele preguntar el gobernador José Alperovich a sus colaboradores cada vez que lo visitan en su domicilio privado. El de ahora no es el mismo talante previo a su viaje a Londres. Alperovich comenzó a marcar la cancha para los cuatro años que se vienen. El futuro es como ese cuadro con un paisaje nublado colgado frente a las narices; presente, amenazante y que no permite saber si algún día se largará la tormenta. Por eso ayer el mandatario pateó para el año que viene las paritarias. Todas. "Estamos muy al límite con el presupuesto; hay que tener mucha racionalidad para que el Estado puede pagar los sueldos", le dijo a la prensa.

Es curioso que un gobernador, que ha cerrado el grifo casi en el momento que pidió una ampliación presupuestaria de $ 1.500 millones (septiembre pasado), haga predicciones poco halagüeñas sobre lo que puede llegar a suceder durante el primer año de su tercer mandato como conductor de la provincia. Tal vez una explicación sea que el gasto en Personal crezca un 61% respecto de lo originalmente pautado para este año. Según el proyecto en poder de la Legislatura, la Provincia gastará $ 7.247,8 millones durante 2012, es decir, cerca del 52% del total de las erogaciones estimadas para el próximo ejercicio. "No hay plata para nadie". Esa es la orden que dio Alperovich a sus funcionarios y que tiene fecha de vencimiento el 31 de diciembre. Hasta entonces, el Poder Ejecutivo cerrará otro año del ciclo de bonanza, con un equilibrio financiero en los papeles, pero con algo de inversión de esos incalculables excedentes financieros que han dejado tantos períodos de vacas gordas.

El apocalíptico 2012 no registraría tantas inquietudes fiscales si, a su inicio, el Gobierno logra pactar con los gremios estatales el incremento salarial. Alperovich quiere incluir a Tucumán en el "club del 18%", ese que promueve la presidenta Cristina Fernández al hablar con empresarios y con sindicalistas sobre las futuras paritarias. Tal vez haya cierta flexibilidad para que ese incremento se estire al 20%. Más allá es, según la perspectiva oficial, el peor de los escenarios fiscales vislumbrados a partir del crecimiento nominal del gasto público.

Con tanto aumento del gasto, el Gobierno necesitará recursos. El impuesto a los Ingresos Brutos sigue siendo el motor de la recaudación. Implica un 74% promedio del total de lo cobrado por Rentas. La coparticipación federal puede ser generosa. Con los $ 7.800 millones estimados para 2012, Tucumán puede cubrir la mayor parte de sus erogaciones. Pero, la gestión necesita más plata. Aunque el impuesto Inmobiliario no se caracteriza por ser la gallina de los huevos de oro, Alperovich decidió avanzar sobre esta franja de contribuyentes, con un incremento del 37%, negado antes de las elecciones, pero convertido en realidad esta semana, con el dictado del decreto 292.

El gobernador ha decidido seguir el mismo camino que Cristina recorre con la quita de subsidios que arrancó con las empresas: largar toda la carne al asador al final de un año electoral que le ha dejado al oficialismo un gran caudal electoral. La Presidenta fue reelecta con casi el 55%. El gobernador, con alrededor del 70%. Ya no hay lugar para los lamentos. Es posible que, luego de que llegue la segunda boleta del Inmobiliario de 2012, el aumento pase al olvido, como sucede siempre. Lo mismo puede suceder con las tarifas de los servicios públicos privatizados, si es que la quita de subsidios se generaliza hacia el resto de los usuarios. Los gobernantes suelen decir que es mejor pagar de entrada los costos políticos. El electorado, en definitiva, termina pagando la cuenta en cómodas cuotas.